Hace tiempo que no tiene imagen. Un día cualquiera, la borró por completo. De tanto mirarse, yo pienso, de tanto mirarse y no verse. Ya no le importa. Cuando quiere, sólo cuando quiere, se asoma a fisgonear a los otros. De allí, donde ahora habita, detrás del espejo.
miércoles, octubre 26, 2005
viernes, octubre 21, 2005
Cuerpo y sentimientos

Nadie oye mis gritos pidiendo ayuda porque hace tiempo que enmudecí. Sólo yo sé que, dentro de mí, las voces claman por una mano amiga, una palabra de cariño, un abrazo. Hace tiempo que pienso que no le importo a nadie. Me he ido secando por dentro; afuera el cuerpo camina, pero estoy muerta. Camino por la vida, cadáver andante. En ocasiones, alguien reconoce mi estado pero por la mirada sé, que, como yo, va andando muerto.
¿Qué puede hacer por un muerto, otro muerto? Nos saludamos con la mirada, con un encogimiento de hombros que dice te conozco, sé cómo te sientes, lo lamento, me gustaría ayudarte, pero no puedo.
Por mi parte, seguiré caminando hasta que mi cuerpo alcance a mis sentimientos.
miércoles, octubre 19, 2005
Río de recuerdos
Escribe sufriendo, arrancando retazos de memorias a la vida, vida que durante años intentó olvidar, y que ahora es río rebelde y rabioso de recuerdos, que rompiendo el dique, va cobrando fuerzas, ahogándole. Se sumerge, resurge, se asfixia, y luego revive en el acto de escribir.
miércoles, octubre 12, 2005
Los pájaros sueñan

Yo también sueño con un día volar, le dije a mi abuelo. El no me creyó porque de aquel pueblo nunca nadie se marchaba. Han pasado los años, y sueño con mi abuelo, y con pájaros, que pintan el horizonte de azul, y los árboles de verdes, y que trazan notas musicales en el pentagrama del cielo. Pero ahora sé que los pájaros libres también sueñan.
jueves, octubre 06, 2005
Mi niña y yo

Dame la mano, me pidió la niña. Y se la di para que se apoyara, y no perdiera el paso. Adelantó la niña en el camino, y yo me quede atrás.
La encontré mas tarde en el sendero, cuando ya la tenía olvidada. Me dijo, si prestas atención, escucharás la música. Traté de escuchar la melodía, pero me di cuenta que mi llanto constante lo impedía.
Toma mi mano, me pidió la niña. Escuché entonces a la brisa jugar con el follaje de los árboles, el batir de las alas de los pájaros, el agua que corría cantando sobre rocas, y más allá, muy lejos, las olas del mar acariciar con su vaivén la arena. Y desde entonces, cogidas de la mano y al compás de la música, mi niña y yo, caminamos juntas.
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