
Si pudiera pintarme lo haría muy despacio. Primero quitaría los trazos de mi rostro, y luego los del torso, hasta llegar a las manos bajando por los brazos. Me deslizaría despacio por los pechos, alcanzando la cintura, borrando las caderas, y mi sexo. Luego las piernas, comenzando por los muslos, hasta que toda yo desaparezca. Entonces, en el lienzo en blanco, me pintaría mariposa.