
Yo no sé porqué siempre estoy perdiendo el camino. Sé hasta dónde quiero ir, pero nunca estoy segura del cómo. Me imagino que hay gentes que me ven tan distante y callada que piensan que lo pierdo en descuido o apatía. Nada más lejos de lo cierto.
Culpé al camino mismo porque se me escondía. Luego culpé a los otros pensando que creaban espejismos para hacerme perderlo. Escenarios hermosos pero falsos, que me atraen como los objetos brillantes a los niños y a los pajaritos.
Ahora, en esta parte del sendero en que me encuentro, me doy cuenta que no puedo culpar a los demás, ni siquiera al camino. Si en alguna bifurcación pierdo la vía, o tomo lo que parece ser la senda equivocada, es porque voy abriendo brecha. Eso hacemos todos. Lo queramos o no, eso es la vida.