
─ No me importa hacer favores, pero no puedo pedir ni aceptar ninguno.
─¿Por qué? ─ me pregunta.
─No quiero depender de nadie. Temo volver a la época en que pensaba que no podía hacer nada por mi misma. En las mañanas, cuando salgo a trabajar me da pena dejar a Cuquito solo. Lo quiero tanto que a veces olvido que es un pajarito. Pero me pregunto si, a pesar de que sé que su comportamiento conmigo cambiaría, ya es tiempo de que tenga pareja. ¿Cuándo será el mío?
─ ¿Por qué darle tanta importancia a una pareja? ─ me pregunta.
─ Yo sé que es absurdo, que hasta ahora, me he resuelto sin ayuda de nadie. Pero siento la necesidad de un hombro sobre el cuál recostar mi cabeza, y saber que alguien se preocupa por mí.
─ Pensé que no podías aceptar favores, ni pedirlos. ¿No te parece una contradicción? Piensa en eso─y mirando el reloj de reojo, añade ─ lo discutimos la próxima semana.