La naturaleza gustaba de cambiar un poco todos los días,
así evitaba caer en la monotonía, y mantenía a sus habitantes desorientados, y
siempre alertas. Donde cambiaban las estaciones era más fácil, porque podía
adornar un día con nieve blanca, y al otro día, subir la temperatura, y acabar
todo en un lodazal. Divertidísimo ver la gente que el día antes se hundía en la
nieve, maldiciendo al otro, el barro en los zapatos.
En aquellos lugares menos cambiantes, tenía otras
artimañas, la de ciclones, huracanes, tormentas tropicales, tornados y maremotos
que hablan ocurrido tan sólo porque la madre naturaleza quería ver a sus hijos
afanarse, y saber que contra ella, nadie podía.

Dada como estaba a trabajar en las áreas verdes cuando
la nihilidad se le vino encima, las especies, aterrorizadas de caer en el
nihilismo también, desaparecieron de la faz de la tierra y comenzaron a
profesar un mimetismo sin precedentes. Poco a poco, la tierra se fue poblando
de especies que en su evolución se fueron tornando verdes. El globo terráqueo
se fue tornando verde, porque los seres verdes ocupaban la tierra y solo el
azul del mar competía con el verde.
La natura1eza un día abrió un ojo, y luego el otro, y
se vio hermosa, la primera vez en siglos, en que eso pasaba. Su vestido verde y
azul le fascinaba. Entonces sintió mas que vio movimiento entre lo verde. Era un
hombre… verde… porque la raza humana también había evolucionado y un intrincado
sistema de raíces le permitía la movilidad. Entonces se percató de que no todo lo
verde brillaba, y que había accidentes verdes… por intervención de hombres
verdes… y volvió a caer en la nihilidad.