domingo, febrero 26, 2006

Si pudiera pintarme


Si pudiera pintarme lo haría muy despacio. Primero quitaría los trazos de mi rostro, y luego los del torso, hasta llegar a las manos bajando por los brazos. Me deslizaría despacio por los pechos, alcanzando la cintura, borrando las caderas, y mi sexo. Luego las piernas, comenzando por los muslos, hasta que toda yo desaparezca. Entonces, en el lienzo en blanco, me pintaría mariposa.

martes, febrero 21, 2006

Sudor y lágrimas

Justo antes de salir al escenario me pasa. Siento que se alteran las mariposas que ya hace tiempo decidieron vivir en mi estómago, y cuando baten sus alas, las de mi corazón se estremecen. Entonces quisiera no ser.

Igual, me miro al espejo un instante, respiro profundo, para que a las mariposas les llegue mi aliento, y frotándome el corazón salgo a escena. A veces, tal parece que la luz de los focos es mas fuerte y brillante, o me paro allí donde están dirigidas, y entonces siento el calor, que hace que inmediatamente empiece a sudar a mares, pero mas que nada, me arden los ojos, y me lagrimean.

Sudor y lágrimas, me digo. Esa es la vida.

miércoles, febrero 08, 2006

Amando

Cierra los ojos y deja que el sonido del viento la invada. Se siente mar en ese momento, con olas que van y vienen, recorriendo su cuerpo. El viento le susurra al oído bajito un te quiero, que ella le devuelve con un suspiro. Y al exhalar, siente como su cuerpo se arquea, y fundido con la ola, sube y sube, hasta besar el cielo.

lunes, enero 23, 2006

El teléfono

Quisiera decirle que no llame, que cada vez que timbra el teléfono se me paraliza el corazón. Escucho el mensaje que deja, y sé que no voy a contestarlo, como sé que no quiero que llame. Pero insiste. Cuántas veces yo, como él ahora, he estado al otro lado de un teléfono que timbra, y me ha dolido y me he sentido rechazada. Por eso puedo suponer cómo se siente, por eso su dolor es en parte mío, pero mi decisión no cambia, y sólo pido que se dé cuenta que no quiero que llame. Por Dios, que no me obligue a decírselo…

domingo, enero 08, 2006

La luz

Y dijo Dios, hágase la luz, e hizo al mundo, y lo pobló de criaturas y de vegetación, y creó al hombre. Y el hombre, desde entonces, vive empeñado en apagar la luz.

miércoles, enero 04, 2006

Feliz día de Reyes



Felicidades, te deseamos Cuquito y yo...

domingo, diciembre 18, 2005

La sonrisa de la luna


Despierta, me dice, y lo hago porque imagino que es algo importante lo que hace que me obligue a abrir los ojos. Por la ventana abierta se cuela la luna, y va a mirarse directo al espejo. Desde allí, tal parece que nos sonríe. La sorpresa nos llena de gozo, y ambos al unísono la saludamos, buenas noches, señorita luna.

Mi hermana tenía el sueño liviano, y durante la noche la aporreaba el dolor de la artritis que padecía desde muy niña, así que se pasaba contando las estrellas. Una vez descubrió que la luna se venía a mirar a nuestro espejo, se dedicó a dibujarla. La dibujada vestida de diferentes formas, en etiqueta de hombre; en vestido de gala, regia como una reina; de pordiosera, e incluso de colegiala, con un uniforme como el nuestro. No importa la ropa, siempre le pintaba una sonrisa. La luna es feliz, me decía. Mira lo hermosa que es, no puede ser desgraciada.

Yo sé que mi hermana se comparaba con la luna, y entonces se miraba los dedos que habían comenzado a deformársele, y cuando se pintaba, siempre se pintaba una sonrisa invertida. Ella le dio ese nombre cuando le pregunté por qué siempre se pintaba triste. No es eso, tonta, es que mi sonrisa es invertida. Mira, si viras el dibujo te das cuenta.

La noche que mi hermana se fue con la luna, no me desperté hasta que ya era demasiado tarde. La encontré en el baño, empapada de su propia sangre. Había puesto a salvo el último dibujo que hizo de la luna y ella. Estaba dedicado a mí, y no tuve que virarlo para apreciar las sonrisas de ambas.

Desde entonces cuando la luna viene a mirarse en el espejo, y por casualidad me despierta, me parece que detrás de ella, siempre veo reflejado el rostro sonriente de mi hermana.

miércoles, diciembre 14, 2005

miércoles, diciembre 07, 2005

El sonido de la lluvia

Estoy tratando de recordar el sonido de la lluvia al chocar con el cristal de la ventana. Veo a mi madre llorar y me parte el alma. Se ve tan viejecita. Lo ultimo que recuerdo es un grito que me erizó la piel, luego el silencio total, y su llanto callado.

Todo está tan quieto. Ni una hoja se mueve. Ni siquiera se siente la brisa de los vientos alisios. Quisiera huir, pero no puedo. Mi cuerpo se niega a responder a mi cerebro. Envío la orden pero es como si tuviera voluntad propia. Tantas veces lo obligué a echar a andar a pesar del dolor que me hacía arder el alma, que hoy se rebela.

No puedo sentir la lluvia, ni el viento, todo está tan callado, tan sólo puedo ver a mi madre sollozando muy quedo, tan quedo que más que oírla la imagino…

domingo, noviembre 27, 2005

Cuquito y yo en un domingo

Como tantos otros días, hoy amanecí triste. Debería acostumbrarme, han sido tantos los domingos tristes. La ilusión de ver a Cuquito me levanta, y, despierta, estoy pendiente hasta que comienza su canto mañanero para levantarlo. Me pregunto si sabe que en muchas ocasiones, la única razón para que me mueva de la cama es su presencia, y la necesidad que tiene de que le de alimento, le cambie el agua, y le saque de la jaula a jugar un rato.

Es apenas un pajarito, mi hijito alado, regalo de los cielos, para que la pena no me mate. Llegó a mi, cuando, habiendo perdido a dos hermanos de su clase, pensaba que no tendría el valor de tener un tercero. Venía con el cuello sin plumas, víctima de una depresión que hacía que se las arrancara. Sin embargo, está ahora tan lleno de alegría, que basta que le cante para que baile moviendo la cabeza y dando vueltas sobre sus patitas, en una afirmación de vida. Silba, y dice su nombre, y balbucea en un idioma extraño, palabras que no entiendo. Pero juro que, a veces, sonríe, y que sus ojos se hacen redondos y brillantes, para saludar la maravilla del día que amanece.

No le importa ser, entre aquellos de su clase, un pequeño patito feo sin plumas en el cuello, no le importa, porque se siente feliz, atendido y querido. Cuando jugamos y le lleno de mimos, y le escucho intentando gorjear, sé que si yo hubiera recibido amor, también, como el patito feo hubiera florecido, y bailaría y cantaría, y celebraría el sol de cada día.

Hoy será otro domingo triste, menos triste quizás, porque Cuquito me acompaña.