lunes, marzo 26, 2007

El camino y la vida



Yo no sé porqué siempre estoy perdiendo el camino. Sé hasta dónde quiero ir, pero nunca estoy segura del cómo. Me imagino que hay gentes que me ven tan distante y callada que piensan que lo pierdo en descuido o apatía. Nada más lejos de lo cierto.

Culpé al camino mismo porque se me escondía. Luego culpé a los otros pensando que creaban espejismos para hacerme perderlo. Escenarios hermosos pero falsos, que me atraen como los objetos brillantes a los niños y a los pajaritos.

Ahora, en esta parte del sendero en que me encuentro, me doy cuenta que no puedo culpar a los demás, ni siquiera al camino. Si en alguna bifurcación pierdo la vía, o tomo lo que parece ser la senda equivocada, es porque voy abriendo brecha. Eso hacemos todos. Lo queramos o no, eso es la vida.

lunes, marzo 12, 2007

Aroma a limón

La otra noche estuve pensando en ti. No había ninguna razón especial, es que a veces, cuando menos lo espero, me parece verte frente a mí, erguido y orgulloso. Es solo el celaje de un recuerdo guardado en aquella parte de mi memoria en que escondo los que me hacen daño.

En ocasiones, en un descuido, como un fantasma te cuelas por cualquier hendidura. Entonces, me lleno de ti, y siento el olor a limón de tu colonia preferida, y es como si estuvieras de nuevo conmigo. Extiendo mi mano buscando la tuya que no encuentro, y abrazo la almohada que huele a lavanda, y aspiro su aroma buscando olvidar el tuyo. El olor a limón se dispersa y se esfuma, y se va desvaneciendo tu imagen en la vuelta a lo único que es real, mi soledad.

Te pensé, y no pude evitarlo. Tengo que reconocer que por primera vez contemplé la idea de que soy yo misma quien te invoca, dejando escapar tu recuerdo porque a pesar del tiempo transcurrido, aún te amo. Sin importar tus ausencias y las múltiples noches que pasé y he pasado sin tus besos y caricias, te amo.

Sonreíste como si pudieras leer mis pensamientos y te invité a sentar junto a mí. Contemplamos la noche en silencio, extendí mi mano buscando la tuya, y tu aroma a limón me envolvió.

miércoles, febrero 28, 2007

Las manos de mi abuelo

Los cuentos de mi abuelo siempre tenían una moraleja y relataban algún incidente en su larga y por lo visto, accidentada vida.

A pesar de mi corta edad, yo escuchaba sus cuentos fascinada. Quizás intuía que de mayor intentaría atrapar en el papel algo de su sabiduría porque que sus cuentos me han servido para entender un poco mejor este complicado mundo.

El día que Edna y Julito se pelearon y la discusión escaló hasta llegar a los puños, mi abuelo nos contó de su primera y única pelea. De pequeño, nos dijo, era muy tímido y no tenía amigos. Por ser tan serio y estudioso los demás niños se burlaban de él. Intentaba no prestarles atención por más que sus comentarios y chifletazos lo hiriesen, hasta el día que Bruno, que era mayor y más grande y más fuerte que todos los demás le dijo cobarde.

Ese día el rencor de tantas bromas pasadas por alto, le cegó el entendimiento y con todas las fuerzas de su diminuto cuerpo se abalanzó sobre Bruno. Pequeño, su cuerpo desmentía la fuerza desarrollada en mañanas de madrugadas oscuras en que casi dormido ayudaba a su padre a arar la tierra.

Atacó a Bruno a puños hasta casi destrozarle la cara, y aún le quedaban fuerzas para seguir golpeándole si no hubiera sido porque los demás niños, asustados por la rudeza del encuentro, les separaron. Esa noche, contaba mi abuelo, le dolían las manos de los golpes que había propinado y a la luz de una vela las examinó. Los dedos habían comenzado a torcerse. Esa noche, casi llorando, juró que jamás dejaría que la ira le hiciera recurrir a los golpes. Cuando nos dejamos llevar por la rabia, y no por nuestro entendimiento, eso sucede. Y para demostrarlo, nos mostró sus manos grandes y de dedos torcidos que de tan deformes, lucían grotescos.

Por primera vez miré realmente sus manos. Aquellas manos gruesas, desfiguradas, muchas veces habían curado mis rodillas después de alguna caída y habían limpiado mis lágrimas. Aquellos dedos eran capaces de transmitirme la calma, de aliviar el dolor y de consolarme.

Esa noche aprendí que el anteponer la fuerza a la razón es castigado con manos deformes. También aprendí algo más importante: que no importa cuán jóvenes o viejas las manos, cuán feas o lo hermosas, lo que importa es el sentimiento que las guía y cómo nos hacen sentir cuando nos acarician.

lunes, febrero 26, 2007

No es cierto


─ Ya no me quieres ─ me dice, y sé que no es una pregunta. Es una afirmación. Y lo cierto es que se equivoca, no es que ya no lo quiera, es que nunca lo quise.

martes, febrero 20, 2007

La llama


Te tomo en mis manos y miro tu rostro. Lo beso. Es mío por unos instantes. Lo siento. Lo acerco. Lo examino. Me gustan las líneas del rostro cuyos ojos me observan de cerca. Suspiro. Me lleno de amor. Te deseo. Beso tus labios que no me responden. Rompo la foto y dejo caer sobre los pedazos el cerillo aún encendido. Mis ojos miran fijo la llama...

domingo, febrero 11, 2007

De amores y hasta luegos


Muy tarde aprendí que la palabra amor entre un hombre y una mujer no significa nada. Te amo es una frase que se dice para excusar el desenfreno de la pasión y el juntarse de sus cuerpos. Te amo es en ese momento cierto, pero deja de serlo cuando se sacia el ansia de tenerse. Y entonces, con las miradas vagas, sin poder siquiera mirarse a los ojos, se dicen hasta luego. Hasta luego es adiós cuando de amor se trata.

miércoles, febrero 07, 2007

Amado

Siento tu respiración en mi hombro y el calor de tu cuerpo tan pegado al mío que es como si fuéramos uno solo. Mis pezones, vanidosos capullos de rosas miniatura, se hinchan esperando la ansiada caricia. Mi sexo te anhela. Desesperadas, mis manos te buscan. Siento tu peso sobre mí, y mi cuerpo oscila buscando el ritmo del tuyo.

La luz del sol se cuela entre las cortinas, me pica en los ojos, despierto, y como siempre cuando llega el día, te esfumas.

lunes, enero 01, 2007

Mariposa azul


Mi habitación está llena de mariposas azules; siempre que pienso en mariposas las veo azules. Llegaron en mis sueños pero al abrir los ojos aún revoloteaban por el dormitorio.

La primera vez que vi una mariposa azul trataba de escapar de la prisión en que la encarcelaban sus recuerdos. Murió buscando la salida del laberinto que termina con la imagen propia en el espejo pero desde entonces mis mariposas son azules siempre. Tengo la esperanza, que la original, aquella que no pudo escapar y murió aprisionada en el espejo pueda reencarnar en otra. Otra mariposa azul; azul y libre.

Y abro las ventanas de mi cuarto para que puedan volar y veo una franja añil que llega al cielo.

Hoy comienza un año nuevo. Dulces sueños…

domingo, diciembre 31, 2006

Adiós


Afuera llueve, pero no importa, justo a la hora en que llegó, se irá. Tirará sus últimos cartuchos llevándose con él algunas vidas, junto a los sueños, ilusiones y esperanzas que destruyó a su paso. Dejará atrás algunas alegrías, porque no todo han sido tristezas, pero no ha cambiado mucho el mundo: la guerra y la ambición gobiernan, sigue el hambre.

Digamos adiós al 2006. De cara a un nuevo año…

jueves, diciembre 21, 2006