lunes, agosto 20, 2007

Ella y el mar


Hace años le huye al mar. El sol la quema, no le gusta caminar sobre arena, dice. Si alguien insiste, cuenta cómo se sintió el día en que de pequeña el mar intentó tragarla. Me ahogaba, desde entonces le tengo más que respeto, mucho temor.

No cuenta que a partir de ese día en sus sueños se ve sirena, el cabello a la cintura flotando en el agua, su cola reflejando destellos dorados del sol al amanecer, y de plata cuando atardece. Se mece entre las olas, surge y resurge, hundiéndose en la arena para luego danzar con la corriente, sintiendo el agua acariciar sus pechos y la sangre caliente correrle por las venas.

Sabe que el mar la está esperando.

sábado, agosto 11, 2007

Recuerdos


Se sienta frente al ordenador todos los días, en el mismo horario de siempre. La diferencia es que ahora no escribe. Se secó la fuente, dice. Ya no hay más historias, ni cuentos. Pero sabe mejor que eso, sabe que se niega a escribir desde el día que se encontró haciéndolo de su vida, demasiado cerca los cuentos a su realidad.

Siempre dijo que no escribía recuerdos, y mientras pudo lo hizo, pero ahora, cuando estos amenazan con saltar a la pantalla, siente miedo. Se niega a escribir porque sabe que, poco a poco, iría revelando demasiado de ella, de aquellas cosas que ha ido guardando a través del tiempo.

Cada mañana se sienta ante el ordenador pero sus dedos se niegan a apretar las teclas. Sólo cuando esté lista para hacerle frente a sus fantasmas, volaran sobre el teclado, en forma de palabras, las pesadillas que en sueños la acosan.

martes, julio 24, 2007

Carta a una amiga


A través de varias décadas y obviando la ocasional ventisca en nuestra relación, fuiste mi hermana, amiga y consejera. Estabas a mi lado el día que, rendida de vivir muriendo, bailarina de zapatillas plateadas, rompí el cristal que me encerraba.

Salí a buscar mis alas perdidas, a rescatar la niña que me daba risas y alegrías. No tenía brújula ni mapa para reencontrar el mundo de hadas de mi infancia, donde se refugió la pequeña al sentirse abandonada y sola. Tú me ofreciste amparo en el tuyo.

Mi imagen en el espejo ha ido cambiando, y por accidentes de la vida, cosas que pasan, como bien sabes, ya no me miro en él. Has tenido mejor suerte, flor de otoño que encontró jardinero en el bosque. Yo sigo siendo una muñeca de porcelana en la vidriera de una tienda de antigüedades.

No hay ahora lugar para mí en tu espacio y lo comprendo. Vuelta a vivir detrás de un cristal, miro el pasar de la vida. No estaré mucho tiempo, esperaré solo lo suficiente para reunir mis fuerzas internas, porque sé que a partir de ahora caminaremos por senderos separados. Quizás ese cambio en dirección sea beneficioso, y al mirar, por necesidad, de forma diferente al mundo, encuentre a mi niña en algún recodo del camino.

lunes, julio 16, 2007

Sola


Se recuesta sobre la barandilla y mira al mar. Las olas rompen contra el acantilado en espuma blanca que sube en penachos buscando al cielo pero que solo alcanzan a crear una lluvia de rocío que cae sobre ella. Se hace a la idea que el mar la acompaña en su llanto.

Extiende los brazos tratando de abrazarse a una de las crestas blancas. También ella quiere intentar alcanzar el cielo, huir de la soledad cabalgando sobre una ola, y refugiarse en una nube. Desde allí verá la tierra desde otro ángulo y su vida en una nueva perspectiva, una que mitigue su soledad.

Se lanza a encontrar la ola más alta, aquella que casi toca las nubes. Sube con ella y al bajar se hunde en el mar. Hacia la superficie suben las burbujas de aire, y siente el roce y la energía de la vida marina. Ya no está sola. Se abraza a un coral.

martes, julio 03, 2007

Conflicto

No le dijo que venía acompañado por conflicto, porque la relación entre él y su conflicto databa de su infancia, y era una vieja historia que no contaba a nadie. Cuando él se aturdía con alcohol, su conflicto se dejaba ver y sentir, tergiversando todo cuanto ella decía, humillándola hasta la desesperación. Al otro día, él volvía a ser la persona que era cuando se conocieron, el conflicto agazapado y oculto en algún lugar, sólo presente en sus pesadillas, hasta la próxima borrachera.

Siempre había deseado ser amado y, una vez más, la vida le daba la oportunidad de ser feliz. Esta vez la aprovecharía. Ya el conflicto se había encargado de estropearle todas las anteriores, pero se había prometido no cometer los mismos errores. A veces, cuando conflicto afloraba estando sobrio, se le llenaban los ojos de lágrimas, al recordar el rechazo y el discrimen, y sentía reavivarse el complejo de inferioridad que desde niño le acompañaba. El temor de quedarse solo lo asfixiaba cual mordaza, igual que de pequeño, cuando se tapaba la boca para que nadie oyera sus sollozos, por temor a que descubrieran su terror a la soledad y al rechazo, que escondía detrás de una actitud hostil. Si ella se daba cuenta y preguntaba, insistía que era su imaginación, porque no quería que la verdad de él la asustara.

Ella intentaba impedir que él bebiera, y cuando no podía, se mantenía callada y quietecita, tratando de no dar pie a conversación alguna que llevara a una controversia que pudiera despertar en él aquella parte soberbia y altanera que la humillaba y que con sus gritos la hacia sentir inexplicablemente niña, miedosa e indefensa.

Cansada de la zozobra en que vivía, se armó de valor y sin más explicaciones, le pidió que se marchara. El aceptó en silencio, porque su conflicto sentía siempre gozo cuando lo tenía para él solo. Al despedirse, a hurtadillas, el conflicto de él le hizo un guiño triunfal al de ella, que muy bajito y socarronamente se reía…

domingo, julio 01, 2007

Un cristal pulido


Lo encontré en la playa. Un pequeño pedazo de cristal que el tiempo había ido puliendo de tal forma, que su superficie y costados eran igualmente suaves. Lo que una vez fueron puntas cortantes, habían sido limadas. Tiene un color interesante mi cristal. No el verde de la botella de cerveza rota y olvidada, sino el tono que toma el mar tranquilo cuando el cielo está claro. Un hermoso color turquesa intenso pero sereno. Hubiera pasado desapercibido entre los miles de caracoles y objetos que la marea había dejado depositados en la orilla, excepto en que en el momento que pasaba, un rayo de sol lo hizo brillar.

Ya en mi mano, recordé cuando de niña mi padre nos llevaba a la playa y recogíamos caracoles, en una competencia por cuál de nosotras conseguía el más grande, el más hermoso. Más tarde, no importaba quién; en el automóvil en el viaje de regreso, molestas por la pegajosidad de la ropa mojada, cansadas por el ejercicio, y con el olor a mar adherido a nuestros cuerpos, nos poníamos impertinentes y recordábamos el caracol al llegar a la casa, cuando yo lo guardaba en mi caja de recuerdos. Desde pequeña tuve esta extraña compulsión por guardar todo aquello que me recordara algún incidente u ocasión que pensaba importante.

Hoy no quedan caracoles en mi caja de recuerdos. Los tiré cuando escuché a alguien decir que traen mala suerte, y de esa no necesitaba, que tal parecía que desde pequeña abría la sombrilla dentro de la casa. En la caja guardo otros objetos, papeles, tarjetas, cartas, flores secas, fotos. Recuerdos del pasado...

Regreso al presente, y miro atrás. Al camino recorrido hasta llegar al lugar a dónde un rayo de sol acariciando un cristal me atrajo. Y siento la irreprimible necesidad de regresar a mi hogar. Voy directo a la caja de recuerdos, y sin pensarlo, lanzo el contenido a la basura. En la caja, por ahora, sólo quiero tener un cristal de color intenso, sereno, cristal pulido de asperezas por el tiempo, y la resaca de la mar, cristal que me hace pensar hacia dónde voy en el continuo proceso de crecer y cambiar, en el ir y venir de la vida, en la constante búsqueda de mi YO.

domingo, junio 24, 2007

Conversando con el psiquiatra


─ No me importa hacer favores, pero no puedo pedir ni aceptar ninguno.

─¿Por qué? ─ me pregunta.

─No quiero depender de nadie. Temo volver a la época en que pensaba que no podía hacer nada por mi misma. En las mañanas, cuando salgo a trabajar me da pena dejar a Cuquito solo. Lo quiero tanto que a veces olvido que es un pajarito. Pero me pregunto si, a pesar de que sé que su comportamiento conmigo cambiaría, ya es tiempo de que tenga pareja. ¿Cuándo será el mío?

─ ¿Por qué darle tanta importancia a una pareja? ─ me pregunta.

─ Yo sé que es absurdo, que hasta ahora, me he resuelto sin ayuda de nadie. Pero siento la necesidad de un hombro sobre el cuál recostar mi cabeza, y saber que alguien se preocupa por mí.

─ Pensé que no podías aceptar favores, ni pedirlos. ¿No te parece una contradicción? Piensa en eso─y mirando el reloj de reojo, añade ─ lo discutimos la próxima semana.

domingo, junio 03, 2007

La noche eterna


Cuando se fue la electricidad, atascada en el oscuro ascensor, tan oscuro como la más negra noche, se sintió enterrada viva. Gritó desesperada y al pasar de los minutos que para ella eran horas, se dio cuenta que nadie la escuchaba. Le subió por el pecho el llanto hasta entonces contenido. Lloró por el esposo que era pero que nunca fue, lloró por los hijos que no tuvo y nunca tendría, lloró por los sueños que soñó y que tuvo que abandonar en el camino. Lloró por ella y por su soledad, lloró por su libertad, anhelada, pero temida, perdida para siempre en la noche eterna, real ahora. Pero todo podía ser diferente... la luz se haría…

Cuando regresó la luz y puso salir del negro encierro, se reintegró a la noche eterna de su vida...

viernes, mayo 11, 2007

sábado, mayo 05, 2007

Historia de amor


Le ve marchar, y siente cómo se le desgarra el corazón. No puede detenerlo, él se lo ha dicho bien claro, ya no la ama. No es tu culpa, soy yo, le dijo. Quisiera aceptar que no es su culpa, que nada habría podido hacer para cambiar las cosas, para retenerlo, para hacer que él la quiera. Pero sabe que sí, que es ella. Que no es lo suficientemente atractiva, ni inteligente, ni extrovertida…

Aprieta las manos, hasta que los nudillos se le ponen blancos, y escuecen las palmas del dolor de las uñas que les clava. Se muerde los labios y siente el sabor a sangre fresca, mientras en vano, intenta reprimir el involuntario temblor que casi hace convulsar su cuerpo.

Ya no la ama, la deja, la abandona, y con el súbito derrame de las lágrimas ardientes e incontenibles, ve a la niña que se abraza al cuello de su padre, suplicante y llorosa, no te vayas papá, no nos dejes, ¿es que ya no me quieres?

Nunca ha sido lo suficiente... lo sabe, es ella.