miércoles, junio 22, 2005

Un día caluroso


La tarde feroz se nos ha caído encima, el calor arrecia. La mañana no fue tan desgastante, aunque ya anunciaba un día pesado. Cuando hace mucho calor no puedo pensar o pienso mucho, y, en ocasiones, el dolor me inunda. Hoy no tengo consuelo, porque mi hijo alado se fue y no ha vuelto, y he tenido que aceptar que no volverá nunca.

Un descuido mío ha sido la causa de tanto sufrimiento; un pajarito perdido y sin hogar, otro desarraigado, y yo, llena de pena. Sabía que el recién llegado no llenaría el vacío, eso lo supe tan pronto llegó a casa, pero es un bebé alado también y tiene derecho a ser amado. Impotente me mira, y yo le pido que tome algún alimento. Está demasiado asustado, se siente perdido sin sus compañeros, y quizás, a cierto nivel, comprende que esa no es su casa, que sigue siendo la jaula de mi hijo perdido.

Le he prometido que poco a poco la iremos rearreglando para hacerla suya. Le toqué el penacho y la cabeza, tratando de no asustarlo demasiado, ni de apresurarlo a aceptarme cuando apenas me conoce. Y miro su cuerpecito tratando de recordar si More, de pequeño, era igual o parecido y por un momento me ha embargado una gran ternura viéndole temblar de miedo; en mis adentros he sentido que puedo quererlo. Seco mis lágrimas; son sólo sudor, me digo, es que es un día demasiado caluroso.

lunes, junio 13, 2005

More

Adios, More. Me vas a hacer mucha falta. Que en tu libertad, encuentres la felicidad que yo no encontré en la mía. Te quiero mucho...

sábado, junio 11, 2005

La luz

La luz rompió las tinieblas. Descubierto, desgarró el silencio con un alarido gutural. En la oscuridad no hay diferencias, no hay barreras, es la luz la que desnuda las conciencias, y nos hace enfrentarnos al espejo, en que vemos el rostro deformado por los hechos.

domingo, mayo 29, 2005

Ya no

La cansina lluvia, otrora intermitente, ahora nunca cesa. Las gotas tropiezan contra la ventana, creando un efecto extraño, cuerpos amorfos, que, sin poder remediarlo, van resbalando por sobre la superficie plana, formando intrincados y grotescos diseños, hasta caer y ser tragados por la tierra. El efecto es uno sombrío y triste, porque semejan lágrimas a veces, lágrimas que se pierden en la nada. El destino ha sido tallado en la roca; nada puede detenerlo. Y afuera sigue lloviendo sin tregua.

El cielo siempre gris, hace tiempo no se ven los colores con que el sol alumbraba. Se han perdido los rojos, los naranjas, los amarillos, el blanco, el azul. Todo es una bruma gris, neblina oscilante que nos circunda. La monotonía unicolor ha sacado la parte oscura del alma donde habitan aquellas pasiones que destruyen, el odio, la codicia y la envidia. Y sigue lloviendo sin tregua.

Te asomas a la calle y ves una espesa cortina que semeja vidrio que te separa del exterior. Afuera, dentro de una burbuja gigante, los otros. Te mudas a ella con sólo salir a la calle, pero no ofrece protección. Dentro de la burbuja, el calor que emiten las pasiones se hace insoportable. Quema la piel, mientras la lluvia, que no cesa, va calando los huesos, como paliativo a la fiebre, medicina falsa, porque igualmente mata.

El tiempo pasa inexorable, se adivina el futuro. Cada vez más cercanos al final, ya no hay Paraíso.

viernes, mayo 20, 2005

More

Oigo a More cantar y es la mejor medicina. Cantar exactamente cantar, no, que de gorjear dejó hace mucho, pero grita, o chilla y salta de una rama a otra. Al menos hay vida en esta casa.

No será tan malo, me digo, de ahora en adelante es cuestión de mirar pasar el tiempo, y hacer… hacer… lo que se me ocurra. Que no tengo que hacer nada que no quiera hacer, y eso incluye complacer a alguien, a cualquiera. Ya no. Ya se perdió el encanto, si hubo alguno y no hay ilusiones ni sueños en las alforjas.

Sin equipaje que me pese, será más fácil caminar por los caminos por los que transito, y, a lo mejor, me aventure y tome uno nuevo, un nuevo camino nunca recorrido, que me lleve a un lugar distinto, donde el sol aunque radiante nunca queme, y la noche, oscura, no sea escalofriante. Donde sin miedo, ni angustias, encuentre el sendero libre de escollos y me salgan al paso mil sonrisas: las que nunca sonreí, las que perdí, las que alguna vez me negaron. Y entonces, podré, quizás, ser feliz. Y si tengo suerte, More irá cantando conmigo…

jueves, mayo 05, 2005

Por qué

En ocasiones, y sin desearlo, me llegan los recuerdos de cuando éramos nosotros. Pequeños incidentes, comentarios, situaciones, recuerdos que me asaltan y me abaten. Me entristecen, no porque quiera retornar a ese pasado compartido, sino por la claridad con que veo por qué nuestros caminos debieron separarse. Y es tanta la luz que traen con ellos, que lo único que me sorprende es que estuvimos juntos.

domingo, abril 24, 2005

Perdida

A veces me parece que me pierdo, que no soy. Me busco entre los recuerdos tangibles, y el rostro que me mira desde las viejas fotos que guardo, muy pocas, es un rostro que desconozco. Me sonríe desde un pergamino que va perdiendo el brillo y los colores. El tiempo, inexorable, ha ido cambiando no sólo las facciones, sino la vida misma.

Y entonces busco recuerdos intangibles que me aseguren que soy, y que me vuelvan a la realidad de mi vida, y me siento aún más perdida, porque sólo siento el dolor de lo que se escapó, o de lo que no tuve, excepto en sueños. Me tiemblan las manos, palidezco, y vuelvo allí, a donde pertenezco, al viejo rincón de lo olvidado.

sábado, abril 16, 2005

De vuelta

Estoy de vuelta de no ir a ningún sitio. Afuera hay sol, More canta, y casi puedo oir el sonido de los cascabeles.

lunes, abril 04, 2005

El pie de Cenicienta

En más de una ocasión pensé que podríamos superar las diferencias que cada vez hacían más honda la brecha que se abría entre nosotros. Una oportunidad más, pensaba, y eso sería suficiente para que comprendieras que tu comportamiento me irritaba, y me alejaba. Quise pensar por ti, y ese fue mi error. Ahora, después de varios meses transcurridos luego del rompimiento final, mirando fríamente la trayectoria de nuestro corto viaje juntos, me doy cuenta de que nunca consideraste cambiar. Posiblemente pensabas que era demasiado exigente, que te quería perfecto, conforme al molde que yo había diseñado, y en el que vanamente intentaba acomodarte. Y es cierto, sí quería que cambiaras, que te amoldaras a lo que yo tanto deseaba. No fui justa, pedí de ti algo que nadie debe pedir nunca, que cambiaras tan sólo para complacerme. No he cambiado el molde, porque sé lo que quiero, pero sí he cambiado mi forma de pensar. No intento ya buscar a alguien a quien recortar para que se acomode, ahora sé que quien yo quiera, ha de tener la forma precisa para el molde, como el pie de Cenicienta en su zapato.

jueves, marzo 24, 2005

Remedios para la depresión

Siento el deseo de vivir abandonar mi cuerpo. Hace tiempo sabía que lo estaba reteniendo prisionero contra su voluntad. Al despertar esta mañana, me vi sola en la cama, sin planes para el día, y dejé que se fuera lentamente, nadando en la sangre que va pintando de rojo tinto las sábanas. Mi color favorito.
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Tanto he llorado en mi vida, que tengo dos surcos marcados en mi rostro que corren de los ojos hasta la comisura de los labios. Son dos franjas hundidas, canales que marcan el camino recorrido por mis lágrimas, sendero aún en construcción.
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He ido a la farmacia y he comprado los antidepresivos que me recetó el médico. Me ha dicho que tengo que poner de mi parte, hacer el esfuerzo. Y lo he hecho, me he tomado el contenido del frasco de un tirón.
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Dicen que el agua clara tiene poderes curativos. Así que vine al río, y subí por la ladera de la montaña hasta la poza que no tiene fondo, porque la caída del agua es allí más grande, y más fuerte, y necesito un despojo. Necesito que con su fuerza, el agua se lleve las pesadillas que me impiden el sueño, que se hundan en ella sin alcanzar jamás el suelo, devolviéndome la libertad. Es difícil llegar al centro de la caída, y utilicé una cuerda para poder hacerlo. Una vez he sentido el chorro frío de agua sobre mi sien, ha sido fácil, sólo he tenido que soltar la soga.