Cantando recorría el sendero, haciendo los verdes aún más verdes y el color de las flores más brillante porque quería estrenar todos los colores, cuando llamó su atención una hermosa casita a la orilla del camino. Se detuvo y la pintó de colores de hogar. Añadió unas estrellas en el cielo mientras escuchaba los poemas de amor del hombre que quería y dibujó la familia perfecta.
La lluvia fue destiñendo los colores y borrando el dibujo, a medida que los hijos crecieron. El hombre se marchó en pos de colores más nuevos y radiantes y no teniendo ya más carmesí con que pintar sonrisas, pintó de negro el lienzo.