sábado, diciembre 28, 2013

Feliz año nuevo...


A ciencia cierta


Salí de la tiendita ayer con una canción en mi cabeza: “Sabes a ciencia cierta que me engañaste, que lo que prometiste se te olvidó…” Y pensé en ti porque eres el último en quien confié.  La borré encendiendo la radio.
           Me desperté con la canción dando vueltas incesantes en mi cabeza. No sé si lo causa el arrepentimiento o la ira. Es tan fácil engañarme. Esa es en efecto la carga principal de la frase: me engañaste. O sea, me dejé seducir por tu canto.
           Y sé a ciencia cierta que sabía mejor, que me dejé engañar porque quise, que me falté a mi misma porque aquello que me prometí se me olvidó. 
           Me prometo una vez más cumplir conmigo misma y no escuchar cantos de sirena.  No tengo que encender la radio, en mi cerebro se apaga la canción.

viernes, noviembre 22, 2013

Descenso


Me atrae la gente sin muchas esperanzas ni oportunidades. Tengo un don especial para reconocerlos.  Los veo bajar las escaleras y esperar el tren que los lleva al empleo sin porvenir, en oficinas oscuras donde el café es negro y amargo.  Llevan caras sin forma definida, máscara uniforme. Los ojos apagados, los pasos lentos y la espalda encogida, como acalambrada. Son hombres y mujeres que viven una vida que no les lleva a ninguna parte, llevando a la espalda la preocupación del dinero que no da, de las obligaciones pendientes, de la soledad íntima en que viven. Liberados por breves horas los viernes en la noche cuando tienen el fin de semana por delante y pueden recordar cuando eran gente.  

 Cuando la mañana ha florecido por completo, bajan otros, con sus maletines de cuero y sus computadoras, el teléfono celular que les quema la mano, hablando incesantes por ese artilugio de moda. Los ojos les brillan, y caminan crispados, planchados, resplandecientes  como el día contra el que arremeten. A esos les miro las caras, las estudio porque sé que muchos irán  perdiendo la definición de sus facciones. 

 Esos, los que se van difuminando, son las promesas derrotadas, nuevos ingresos a las filas amorfas de los que no tienen esperanzas ni oportunidades.  Creyeron que podrían conquistar el sistema, y este se los tragó victorioso en la lucha por la nada.  Porque nada es el departamento de lujo, el bote, el auto. Nada son ellos porque no pudieron mantenerse en el tren del éxito y bajan poco a poco los escasos peldaños que subieron.

Aún más bajo en el escalafón están los otros.  Los que no tienen ni siquiera con qué tomar el tren ni razón para hacerlo. Los que duermen arropados con periódicos que encuentran.  Los que buscan qué comer en algún zafacón. Los que piden limosna.  Esos recuperan el rostro, pero es un rostro genérico porque es el del enemigo que puede intentar asaltarte y robarte, incluso matarte por necesidad o por envidia.

Ese es el rostro que veo al mirarme en las vidrieras…

domingo, noviembre 10, 2013

Tonta

Eres una tonta, lerda, tarada. Por semanas intentas que este hombre que se expresa de una forma inteligente y sensible, acepte conocerte en persona.  No te gusta dejarte impresionar en un chateo, que prefieres tener la persona delante, ver sus ojos, la expresión de su cara…  Y al fin llega el día en que él se atreve a dar el paso. Todo listo ¿no?  No.  No está listo porque te sobrecoge el miedo y te preguntas qué espera él a estas alturas.  No sería el primero que piensa que tiene derecho a tener intimidad contigo apenas conocerte. Y ya no estás para eso, ya no estás para estarte regalando.  Quieres un amigo, con privilegios, si ambos lo desean cuando surja el momento: no porque es viernes y tienes la impresión de que él no tienes ganas de pasar la noche solo.
 
Eres una tonta… Con decir no (si era necesario y así querías) bastaba.

miércoles, noviembre 06, 2013

Cuelgo los guantes...

       Así como me convencí hace años que tenía que escribir, hoy sé que me engañé a mi misma. Mis cuentos nunca han pasado de la mediocridad literaria, y los libros en que he publicado no son mucho más. No he leído lo suficiente, no he viajado lo suficiente, no he vivido lo suficiente como para poder inventar cuentos profundos que lleven al lector a la introspección.
He de confesar que no sé si el lector está hambriento de cuentos que lo hagan pensar, indagar, releer…o prefiere leer cuentos para su entretenimiento. Imagino que igual que hay escritores que logran dar profundidad a sus cuentos no importa lo sencillo de los temas, también hay lectores que se precian de poder leerlos y entenderlos, y más que nada disfrutarlos. 
De lo único que estoy totalmente segura es que mis cuentos no dan el grado, no son lo que aspiraba cuando cargándome al pecho el letrero de escritora comencé a escribir. Una gran parte de mi está decepcionada y quisiera continuar intentándolo, pero ya sé que todo será en vano. Nunca escribiré ese cuento de perfecta técnica, de temática profunda.  Y cuelgo los guantes…


martes, octubre 15, 2013

El globo

—¿Te cuento una historia? —le digo y me mira feliz.
—Me encantan tus historias —dice—.  Cuéntame la de la princesa y el globo. 
 Y yo le cuento nuevamente del día en que, como un globo demasiado inflado, mi pareja salió volando, y yo aproveché el momento para cortar el cordón.


miércoles, septiembre 18, 2013

Nanushka

Nanushka (no era su verdadero nombre pero no le gustaba el suyo), salió de la oficina del médico sonriente.  Cualquier otra persona al escuchar el diagnóstico, habría llorado, maldecido, entrado en estado de negación.  Pero Nanushka ya tenía más de sesenta años y hacía tiempo que estaba lista. Con la enfermedad, Dios le había conmutado la sentencia de vida…

lunes, agosto 26, 2013

En familia

 
Fue Paloma quien me abrió la puerta. Estaba larga y muy flaca pero la habría reconocido igual, porque era mi hermana y teníamos los mismos ojos grandes y tristes de mamá. Me miró sin que su rostro delatara nada de lo que sentía. Podía aceptar su coraje: una vez decidí verla me dije que merecía su odio. Pobrecilla, después que se fue mamá, y ya sin nadie que me defendiera de mi padre, huí yo también, sin pensar en ella.

Mamá se llevó a Enrique pero él tenía apenas tres meses y habría sido un crimen dejarlo. Paloma y yo éramos más grandes y supongo que asumió que yo la cuidaría.  Viéndola ahí, tan delgadita, vestida con una vieja bata que debió ser de mamá y que le queda demasiado grande, no puedo perdonarme el haberla abandonado a su suerte.

No hay coraje en sus ojos.  Su mirada es de total desinterés, como si yo fuera un extraño.

—Soy yo, Javier —le digo y una sonrisa apagada de comisuras tristes se le forma en los labios.

—Lo sé —me contesta—. Lo que no entiendo es a qué regresaste.

Quiero decirle que a buscarla, tengo un lugar donde puedo llevarla, trabajo, pero siento ruido en el dormitorio.

—¿No estás sola? ¿Llegué en mal momento?

Se encoge de hombros y va hacia la estufa a poner café.

De la habitación, cerrando la cremallera de su pantalón, sale mi padre.

—¿Está listo el café, Palomita? —pregunta.

Ella no gira a mirarlo, pero cruza los brazos sobre sus pechos como si quisiera cubrirse, taparse, esconderse. La escena toma un carácter surrealista. Me ha bastado verlo para comprenderlo, pero algo en mi cabeza lo niega, es demasiado horrible. El monstruo no llegaría a tanto. Antes de que pueda gritarle, vocifera que me vaya.  Que no tengo derecho a pisar esa casa, que renuncié a ese derecho el  mismo el día en que me fui.

—Eres un monstruo —le increpo—.  Esto es una aberración.

—Si hasta aprendió a hablar el señorito —me dice lleno de sarcasmo —. Y piensa que eso le permite juzgar a los demás. No tengo que darte explicaciones, Palomita y yo somos felices.  No tienes tú que venir a querer cambiar nuestro estilo de vida.  Y me imagino que querrás llevártela…

—A eso vine, aún antes de saber “esto”. —no tengo el valor de decir el nombre propio.  “Esto” es un eufemismo que suena vacío aún a mis oídos. “Esto” es demasiado oscuro, violento, infame.

—Pues te vas por donde viniste, que Paloma y yo estamos tranquilos, ¿verdad, Palomita?

Mi hermana asiente con la cabeza, de espaldas, sin darnos la cara. Advierto que sus hombros tiemblan e imagino que está llorando silenciosamente.  Me reprocho el haber sido egoísta, el que la dejé sin pensar hasta dónde llegaría mi padre.

—Si mamá estuviera… —le digo con voz amenazante.

—¿Qué crees que haría, si fue por eso que se fue y la dejó? —me dice tranquilamente.

Es un mentiroso, lo sé, mi madre no habría expuesto a Paloma, se la habría llevado con ella.  Mi madre no es así ¿o sí? Él tendrá a Paloma convencida de que mamá la abandonó, de que no la quería. De que nadie la quería. Ni  yo, que me fui sin despedirme, sin decirle que volvería por ella.  Es mentira, nunca pensé volver. Nunca hasta hoy, y ni siquiera sé porqué lo hice.

Paloma se acerca, trayendo en una pequeña bandeja tres tazas de café.

—El café esta listo. Aunque sea por una vez, tomémoslo en paz —nos dice —. Compartiendo en familia, como debe ser. 

viernes, julio 26, 2013

Respirar



Siento rabia con Dios y la impotencia me calcina.  Tenemos que esperar por unos cuantos días, no vale preocuparse desde ahora. Solo pedir que nos sea concedido el milagro y que nuestra vida regrese a la normalidad fingida que nos permite respirar a ratos.