La parte creativa de mi cerebro no funciona. Dejó de funcionar cuando se apoderó la depresión del espacio completo. Grité, pataleteé, lloré. Todo fue en vano. Ni una idea crece en mi cerebro.
Los cascabeles son risas de niños, son olor a chocolate y a leche con canela, sabor a turrón, nueces y avellanas. Recuerdos del trineo de Santa Claus que ya nunca viene, pero que se sueña. Y el roce de tu piel, que añoro, pero que no siento, porque estás tan lejos, tan lejos, que sólo puedo escuchar el eco de los cascabeles...
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