miércoles, junio 22, 2005

Un día caluroso


La tarde feroz se nos ha caído encima, el calor arrecia. La mañana no fue tan desgastante, aunque ya anunciaba un día pesado. Cuando hace mucho calor no puedo pensar o pienso mucho, y, en ocasiones, el dolor me inunda. Hoy no tengo consuelo, porque mi hijo alado se fue y no ha vuelto, y he tenido que aceptar que no volverá nunca.

Un descuido mío ha sido la causa de tanto sufrimiento; un pajarito perdido y sin hogar, otro desarraigado, y yo, llena de pena. Sabía que el recién llegado no llenaría el vacío, eso lo supe tan pronto llegó a casa, pero es un bebé alado también y tiene derecho a ser amado. Impotente me mira, y yo le pido que tome algún alimento. Está demasiado asustado, se siente perdido sin sus compañeros, y quizás, a cierto nivel, comprende que esa no es su casa, que sigue siendo la jaula de mi hijo perdido.

Le he prometido que poco a poco la iremos rearreglando para hacerla suya. Le toqué el penacho y la cabeza, tratando de no asustarlo demasiado, ni de apresurarlo a aceptarme cuando apenas me conoce. Y miro su cuerpecito tratando de recordar si More, de pequeño, era igual o parecido y por un momento me ha embargado una gran ternura viéndole temblar de miedo; en mis adentros he sentido que puedo quererlo. Seco mis lágrimas; son sólo sudor, me digo, es que es un día demasiado caluroso.

1 comentario:

Eloriam dijo...

Seguro q Chico te hace muy feliz aunke no okupe el lugar de More, yo espero q te haga muy feliz, y te cante.