domingo, marzo 17, 2013

El gusano

Tal parecía que iba a quebrárseme la cabeza cuando abrí los ojos. Más que la inminente migraña, sin embargo, fue un ruido extraño desde fuera del cuarto lo que me despertó.  Había dormido mal e incómoda.  Mi compañero roncaba con la boca abierta, brazos y piernas extendidas dejándome tan solo una esquina de mi cama disponible.  Me levanté tratando de no despertarlo.  La sensación de un deja vu me arropó antes de que pudiera salir de la habitación.

Encendí la luz con el antiguo miedo de ver lo que mis ojos no querían ver. Estaba segura de haberme librado para siempre del fantasma, pero ahí estaba.  Gigantesco, ocupaba gran parte de la sala.

—¿Pensabas no volver a verme? —me preguntó con sorna. 

—¿Por qué tenías que volver, cuál es tu placer?

—No quiero tu mal, soy una advertencia.

Se me llenaron los ojos de lágrimas, unas lágrimas gruesas que no me dejaban ver claramente al monstruo.  De enormes proporciones, su cuerpo dividido en franjas negras y amarillas, la cabeza roja con unos ojos protuberantes como de sapo, no era la primera vez que me visitaba aquel gusano asqueroso.  Se impulsó sobre sus patas delanteras que se estiraron cual zancos para alcanzar mi altura y me gritó: —¿Olvidaste de lo que te previne?  ¿Eres tonta? ¿O es que tengo que salir de mi hoyo para que me veas y recapitules?

—No lo vi, te juro que no me di cuenta.  Pensé que había dado tiempo, que había sanado.  Es karma.

—¿Karma?  ¡Pamplinas! ¡Excusas! ¡Tú, que no miras dónde pisas! Vete, tómate unas pastillas para el dolor de cabeza y acuéstate en el otro cuarto. 

Dos Tylenol, un vaso de agua fría y a la otra habitación. Enciendo el aire acondicionado y me acomodo llorosa en la cama, sabiendo que el gusano me vigila desde afuera, a través de los cristales de la puerta francesa.

—¿Cómo es posible que una vez más trajera uno?  ¿Que el olor a alcohol no me previniera?  ¿No es suficiente el vivir con un gusano por años, tengo que traer a casa otro?

Me quedo dormida pensando: mañana, mañana sin falta lo echo…

3 comentarios:

Cartoncita Rosa dijo...

Desde ahora sigo tu blog. Te dejo un saludo :)

Raquel Otheguy dijo...

Ya sabes, el hombre (o la mujer) es el único animal que tropieza dos veces...por eso es mejor mantenerse alejada de los caminos empedrados

margret dijo...

Es que soy reincidente :-(