Una inmensa tristeza se ha apoderado de la casa. Ni siquiera se dio cuenta de cuando entró y aunque ya la ocupa toda, está acuartelada en el dormitorio que era de ella.Cuando se dio cuenta de que estaba, Inés pensó que si lograba evitar que entrara a su habitación podría sobrevivir en ese pequeño espacio. Hoy lo encontró también invadido.
Consideró posibles soluciones y finalmente intentó dialogar con ella para explicarle que le deja todo lo demás, pero que le permita estar tranquila en el rincón que hasta hace poco era solo suyo. Escurridiza, la tristeza logró evitar la confrontación y ya comenzó a poner barrotes en ventanas y puertas.







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