lunes, noviembre 05, 2007

Un abrazo de oso




Villa entraba siempre jovial a la oficina. A su paso iba repartiendo saludos y abrazos. Su trabajo solo le permitía ir un día a la oficina, para preparar los informes de trabajo, y cerrar los casos ya investigados y supongo que esos abrazos generosos que repartía, eran su forma de comunicarnos lo mucho que se alegraba de vernos. Es un hombre alto, de brazos largos, y con su abrazo nos abrigaba.

Uno de sus abrazos lograba que mi día cambiara por completo, y el calorcito reconfortante del mismo me duraba por horas. Como un conjuro me protegía, sirviendo de paliativo para las heridas que desde hace muchos años llevo por dentro. Dudo que él supiera las cualidades curativas que, en mi caso, tenía ese abrazo.

Hace mucho tiempo que no veo a Villa. El no hacer de mi quehacer de estos últimos años me ha alejado de muchas personas muy queridas, pero en esos días he estado añorando uno de esos abrazos. El abrazo desinteresado de un amigo. Un abrazo sanador. Un abrazo que me reconforte. Un abrazo que me haga sentir protegida y abrigada.

Un abrazo de oso.

1 comentario:

Bart dijo...

RIMA XIII

Tu pupila es azul y, cuando ríes,
su claridad süave me recuerda
el trémulo fulgor de la mañana
que en el mar se refleja.

Tu pupila es azul y, cuando lloras,
las transparentes lágrimas en ella
se me figuran gotas de rocío
sobre una vïoleta.

Tu pupila es azul, y si en su fondo
como un punto de luz radia una idea,
me parece en el cielo de la tarde
una perdida estrella.


RIMA XX
Sabe, si alguna vez tus labios rojos
quema invisible atmósfera abrasada,
que el alma que hablar puede con los ojos,
también puede besar con la mirada.

Rimas, Gustavo Adolfo Bécquer.
Las traigo para ti Margret, un saludo.